India no es perfecta ni idílica. Pero aquí, a diferencia de Occidente, la Madre Divina sobrevivió. En la geografía, en los rituales cotidianos, en los templos donde el fuego nunca se apagó.
Existe un mapa que traza ese latido: los Shakti Peethas — los lugares donde cayeron las distintas partes del cuerpo de Sati cuando Shiva vagaba enloquecido cargando su muerte. Cada parte que tocó la tierra se convirtió en un lugar sagrado. Un nodo donde la energía de lo femenino quedó anclada para siempre.
Recorrer los Shakti Peethas no es turismo espiritual. Es un recorrido anatómico y sagrado por las distintas dimensions del principio femenino — parte por parte, capacidad por capacidad. La Diosa desmembrada se va recomponiendo en el recorrido. Y con ella, algo en las mujeres que peregrinan también.